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Editorial

“Hoy no celebramos solo lo que hacemos, sino para quién lo hacemos”.
Francisco del Barco, sj.
Director General de la Fundación SAFA

El pasado 5 de noviembre, el Director General de SAFA, al recoger el Premio Andalucía de Fundaciones, con el que la Junta de Andalucía ha reconocido el trabajo de nuestra Institución, nos dejó un discurso de agradecimiento que puso en el centro la misión de nuestra tarea. A las puertas de Navidad, extraemos algunas de sus palabras, porque nos enfocan hacia lo esencial de nuestro trabajo, y nos ayudan a recorrer este camino compartido.

La misión educativa de la Compañía de Jesús busca en su modelo de persona formar personas conscientes, competentes, compasivas y comprometidas. He aquí el corazón de lo que SAFA ha perseguido hacer durante más de ocho décadas en Andalucía.

Las 4 Cs nos recuerdan que trabajamos por la formación de personas conscientes, porque educamos para mirar el mundo con profundidad y sentido, para entender las causas de lo que sucede y actuar desde la verdad. Competentes, porque aspiramos a que nuestros alumnos y alumnas desarrollen todo su talento y capacidad, sin que el origen o las circunstancias limiten sus posibilidades. Compasivas, porque creemos en una educación que enseña a ponerse en el lugar del otro, a cuidar, a servir y a compartir. Y comprometidas, porque el aprendizaje sin compromiso no transforma, y nuestra razón de ser siempre ha sido formar personas que mejoren el mundo desde su lugar, su oficio o su vocación.

Ese mismo espíritu de San Ignacio es el que ha sostenido a SAFA desde su nacimiento: una educación que transforma vidas, que acompaña procesos, que abre puertas a quienes más lo necesitan. Una educación que no se conforma con transmitir conocimientos, sino que busca despertar conciencia, esperanza y futuro en cada aula, en cada familia, en cada comunidad donde estamos presentes.

Porque este premio tiene el rostro de cada niño y niña que un día encontró en nuestras aulas una oportunidad que no esperaba. Tiene la voz de cada familia que confía en nosotros con la ilusión y la preocupación de quien pone en manos de otros el futuro de sus hijos. Y tiene el alma de cada educador y educadora que, con vocación y entrega, sostiene cada mañana esta misión compartida.

Este reconocimiento es también para quienes nos precedieron: para el Padre Villoslada y los que le acompañaron en sus inicios, para los primeros profesores, en definitiva para los hombres y mujeres que, en tiempos difíciles, creyeron que la educación podía ser una forma de justicia. Y lo es igualmente para los que vendrán, para las nuevas generaciones que seguirán escribiendo esta historia.

Porque en SAFA creemos —con la serenidad de la fe y la fuerza de la esperanza— que educar no es solo instruir, ni siquiera formar, sino encender la llama de la dignidad, de la justicia y de la libertad en cada persona. Y esa llama, cuando se enciende, no pertenece ya a quien la prende… sino a quien la lleva consigo para iluminar el mundo. Con humildad, con ilusión, con vocación de servicio. Con la gratitud de quien espera la Buena Nueva. Porque un fuego enciende otros fuegos.

Feliz Navidad para todos.

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